La inteligencia artificial (IA) no sólo permite acelerar tareas científicas: está transformando la manera en que se genera conocimiento, al intervenir en procesos de búsqueda, identificación de regularidades y formulación de posibilidades que no necesariamente habían sido planteadas previamente por las y los investigadores, afirmó la secretaria de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti), Rosaura Ruiz Gutiérrez.
Durante el encuentro ¿El Leviatán artificial? Inteligencia Artificial en el mundo hispanoamericano, realizado en El Colegio de México, la directora de Estrategias de Investigación Aplicada de la Secihti y cocoordinadora del grupo de trabajo de Inteligencia Artificial en la Ciencia de la Unión Europea y la CELAC, Gabriela García Acosta, fue la encargada de leer ante académicos y estudiantes la ponencia de Ruiz Gutiérrez enviada a este foro.
La titular de la Secihti destacó que la inteligencia artificial está modificando la práctica científica. Los sistemas de aprendizaje automático permiten procesar grandes volúmenes de información, reconocer regularidades y explorar combinaciones que no habían sido planteadas previamente como hipótesis.
Esta capacidad introduce una diferencia importante respecto de otros instrumentos científicos: un sistema puede detectar una regularidad antes de que exista una explicación completa de ella. La inteligencia artificial modifica, así, la relación entre el descubrimiento, la explicación y la validación del conocimiento científico.
Sin embargo, advirtió que una regularidad identificada por un modelo no constituye por sí misma conocimiento científico. “Una predicción acertada no equivale necesariamente a una explicación”, afirmó.
Señaló que los resultados generados mediante estas herramientas deben ser contrastados e interpretados por las comunidades científicas para establecer qué fenómeno ha identificado el sistema y determinar su validez.
“La responsabilidad no puede delegarse en un modelo”, enfatizó. Las comunidades científicas, agregó, deben validar los resultados y asumir la responsabilidad por las consecuencias de su aplicación.
En este proceso, subrayó, la vinculación entre las ciencias y las humanidades resulta indispensable, porque la IA no determina por sí misma qué preguntas son relevantes, qué evidencia es suficiente ni con qué fines debe utilizarse el conocimiento.
Ruiz Gutiérrez abordó también la relación entre tecnología y evolución humana. Recordó que las tecnologías y las prácticas culturales han modificado históricamente las condiciones en las que viven las poblaciones, desde el control del fuego y la transformación de la alimentación hasta la domesticación de animales.
“La inteligencia artificial debe situarse dentro de esta historia”, señaló. Aunque sus posibles efectos sobre la evolución biológica sólo podrán determinarse mediante evidencia de cambios heredables y persistentes en la supervivencia y la reproducción, estos sistemas ya están modificando el ambiente cultural al intervenir en ámbitos como la educación, la salud, el trabajo y las relaciones sociales.
Ruiz Gutiérrez planteó cuatro principios para orientar la política pública de inteligencia artificial aplicada a la ciencia: desarrollar infraestructura pública y compartida de cómputo; establecer una gobernanza responsable de los datos; garantizar la validación científica de los resultados; y formar comunidades capaces de utilizar estas herramientas y evaluar críticamente sus alcances.
Estos principios forman parte de los trabajos que impulsa la Secihti, particularmente en coordinación con la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT), para construir una política nacional de inteligencia artificial que fortalezca las capacidades científicas y tecnológicas del país.
“México requiere capacidades propias para utilizar, evaluar y desarrollar estas tecnologías con responsabilidad y con sentido público”, afirmó.
El encuentro ¿El Leviatán artificial? Inteligencia Artificial en el mundo hispanoamericano fue organizado por la Cátedra México-España de El Colegio de México y El Colegio Nacional. Sus cuatro mesas analizaron la relación de la inteligencia artificial con el gobierno y la democracia, el trabajo, las relaciones sociales y la producción del pensamiento científico.
En esta última mesa participaron también Gabriela Ramos, del Institute for AI Policy and Strategy, y Joan Subirats, de la Universidad Autónoma de Barcelona. Ernesto Priani, de la UNAM, intervino como comentarista y Silvia Giorguli, de El Colegio de México, como moderadora.
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